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| Foto: Alcaldía de Dosquebradas |
Templos abiertos al peregrinaje, corredores gastronómicos activos, escenarios naturales, comercio en movimiento y un Viacrucis recuperado hacen parte de la experiencia que hoy ofrece Dosquebradas para la Semana Mayor.
En Semana Santa no solo llegan peregrinos: llegan miradas, se activa la economía y se reafirma una vocación espiritual que durante años permaneció latente. Hoy, entre más de 20 templos, corredores gastronómicos activos, paisajes abiertos al visitante y un Viacrucis recuperado, Dosquebradas empieza a narrarse de otra manera. Ya no solo desde su tradición industrial, sino también desde una identidad que articula devoción, memoria y turismo.
Esa transformación no ocurre por azar. Detrás hay una apuesta para convertir la Semana Mayor en una experiencia integral, capaz de unir lo espiritual con lo turístico, lo patrimonial con lo comercial y la tradición con una nueva narrativa de ciudad. La intención del alcalde Roberto Jiménez es clara: consolidar al municipio como un destino de fe del Eje Cafetero, pero también como un territorio completo, preparado para recibir al visitante con una oferta que se extiende a la naturaleza, la gastronomía y el comercio.
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| Foto: Alcaldía de Dosquebradas |
La fe, de hecho, tiene varias puertas de entrada y encuentra en el tradicional recorrido de los siete templos una de sus expresiones más significativas. Allí aparecen la Parroquia Santa Teresita del Niño Jesús, en La Capilla; la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Guadalupe; la Parroquia del Espíritu Santo, en Los Molinos; la Parroquia San Pedro y San Pablo, en Los Naranjos; la Parroquia Virgen Milagrosa, en La Pradera; la Iglesia Ortodoxa Divino Niño, también en Los Naranjos; el Templo Parroquial Jesús de la Buena Esperanza, en La Badea; la Parroquia San Rafael Arcángel de Molivento; y el Santuario de la Virgen de la Pureza, en La Marcada. Todos conforman un mapa espiritual que, por estos días, convierte al territorio en escenario de encuentro, recogimiento y tradición.
Pero hay un punto donde esa apuesta encuentra hoy su expresión más visible: el Viacrucis. Más que un recorrido religioso, este sendero se convirtió en una de las grandes banderas del alcalde Roberto Jiménez Naranjo para movilizar el turismo religioso y devolverle a la ciudad uno de sus símbolos más profundos. Allí donde por más de 30 años hubo abandono, hoy hay una renovación que busca recuperar no solo un espacio físico, sino una parte esencial de la memoria de quienes crecieron recorriéndolo en familia.
“Dosquebradas Destino de Fe, es la campaña con la que estamos impulsando a los turistas a que visiten Dosquebradas, y de manera especial El Viacrucis, porque es un lugar que es un patrimonio y un lugar sagrado para muchos feligreses católicos de este municipio, porque sus familias y ellos crecieron recorriéndolo”, expresó el primer mandatario de los dosquebradenses.
Esa apuesta ya dejó señales concretas. Durante la Semana Santa del año 2025, el Viacrucis recibió a más de 15.000 visitantes provenientes de distintos rincones de Risaralda y del país. Este año, la meta es duplicar esa cifra, como muestra de un territorio que volvió a creer en el valor de su patrimonio espiritual y decidió convertirlo en motor de encuentro, desarrollo y proyección.
Para lograrlo, el recorrido fue reacondicionado con obras que hoy transforman la experiencia del visitante. Cerca de 600 metros fueron asfaltados, se instalaron más de 100 tachones reflectivos y de seguridad, se hizo cambio de luminarias en cerca de 15 postes de energía y se ubicaron cerca de 20 vallas y pendones con información alusiva a cada estación, acompañados de códigos QR que permiten acceder a las oraciones en audio durante todo el recorrido. A eso se suman inventarios de piedras y árboles, así como análisis de factores de riesgo, en una intervención que le devuelve orden, seguridad y sentido a este camino de fe.
Sin embargo, la experiencia no termina allí. Quien llega en Semana Santa encuentra también corredores gastronómicos como La Pradera, Postobón, Alto del Nudo y Japón-Frailes, donde la cocina local se suma al recorrido del visitante. Encuentra escenarios naturales como el Lago La Pradera, la Serranía Alto del Nudo y la Serranía Las Marcadas, que aportan paisaje, descanso y conexión con el territorio. Y encuentra, además, una oferta comercial activa en espacios como el Centro Comercial Único, el Centro Comercial El Progreso y La Cuadra de la Moda, en La Popa.
Finalmente, en esa suma de rutas y experiencias se revela una ciudad que entendió cómo convertir su tradición espiritual en una oportunidad de encuentro, desarrollo y proyección. Aquí la fe convive con el paisaje, la oración con la buena mesa, y la memoria con una oferta capaz de recibir bien. Más que atraer visitantes, la apuesta es invitarlos a descubrir un territorio donde el recogimiento también se encuentra con la cultura, la hospitalidad y la identidad. Quien llegue a recorrer sus templos, sus corredores gastronómicos, sus escenarios naturales y sus espacios comerciales, se llevará la imagen de una ciudad que supo unir fe, ciudad y experiencia en una sola narrativa.
Para garantizar la seguridad de propios y visitantes, la Policía Nacional dispuso de 300 uniformados más, quienes acompañarán la ciudad durante todo este despliegue.


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