lunes, 6 de julio de 2026

Las huellas del fuego: veinte años del incendio que cambió para siempre el páramo de Los Nevados

Imagen: Cárder
 
Esta crónica reconstruye los días en que el fuego puso a prueba a quienes lucharon por salvar el páramo y recuerda por qué proteger estos ecosistemas sigue siendo una responsabilidad de todos. 

Era el miércoles 5 de julio del 2006, en las horas finales de la tarde, cuando se recibió el primer llamado dando aviso de la ocurrencia de un incendio en el Parque Nacional Natural de Los Nevados, el cual avanzaba sobre frailejones y extensos pajonales, generando la alerta que dio inicio a actividades de verificación.
 
Las comisiones del día siguiente, pudieron descubrir la primeras evidencias de afectación severa de diversos sectores del ecosistema de páramo, de un incendio de grandes magnitudes que se empezaba a abrir paso favorecido por los fuertes vientos, y fue así como durante siete largos días, el páramo ardió; aproximadamente 2.374 de sus hectáreas que involucraban a Laguna del Otún, Laguna del Mosquito, valle de La Alsacia, El Silencio, Bagaseca, El Diviso, Laguna Negra, Laguna La Leona y ladera norte de la Vereda El Bosque, presentaron amplias afectaciones de la fauna, la flora, los humedales y turberas, e igual en alguna proporción el suelo.
 
El paisaje, una amplia área circunscrita entre tres cuerpos volcánicos, al noreste el Santa Isabel, al oeste el Paramillo de Santa Rosa y al sureste el Quindío, que antes parecía verse en hermosos tonos sepia, ahora denotaba extensas laderas consumidas por el fuego; algunas semanas después se efectuó la valoración de los impactos ambientales, que evidenciaron la dimensión de la tragedia, una de las mayores emergencias ambientales registradas en el complejo de páramos.

En el sector de Potosí fue instalado el Puesto de Mando Unificado, el lugar desde donde se coordinaría una operación que exigía decisiones rápidas y una articulación sin precedentes; al mismo tiempo, la Unidad de Parques Nacionales gestionaba el apoyo de entidades del orden nacional y convocaba a los Comités Regionales para la Prevención y Atención de Desastres de Risaralda, Caldas, Quindío y Tolima, junto con el entonces Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial.

Fue el sábado 8 de julio, durante los sobrevuelos realizados sobre la zona, que el incendio reveló toda su magnitud. Desde el aire aparecieron con claridad los frentes activos, la velocidad con la que el fuego avanzaba y los sectores que corrían mayor riesgo; aquellas imágenes permitieron diseñar la estrategia para combatir las llamas, distribuir y concentrar todos los esfuerzos en un solo propósito: detener la propagación del incendio antes de que siguiera consumiendo el ecosistema de páramo.

Mientras el helicóptero recorría el cielo, evidenciando los principales focos del incendio, la batalla más difícil se libraba sobre el terreno: cerca de 30 personas enfrentaban el incendio en condiciones extremas; funcionarios del Parque Nacional Natural Los Nevados trabajaban hombro a hombro con los cuerpos de Bomberos Voluntarios de Villamaría, Manizales, Pereira y Santa Rosa de Cabal. A ellos se sumaron unidades procedentes del Quindío, Valle del Cauca, Riosucio y Belén de Umbría, además de la Delegación Departamental de Bomberos, integrantes de la Defensa Civil y la Cruz Roja del Quindío y Caldas, personal de Aguas y Aguas de Pereira, la Unión Temporal Concesión Nevados y ASDEGUIAS.

El páramo ardía, pero también el corazón de quienes estaban en el frente de las acciones de respuesta, dispuestos a no dar ni un paso atrás. Cada jornada comenzaba con largos desplazamientos desde Potosí hasta los distintos puntos de la emergencia, entre ellos Caño Leche, la parte alta de La Alsacia, Laguna del Silencio y el sector El Bosque, a lo que le seguían caminatas por terrenos escarpados, enfrentando las fuertes ráfagas de viento que avivaban las llamas.

Fueron ochos días de ardua labor de combate de los focos del incendio; fue así como el miércoles 12 de julio de 2006, siendo las 4:30 p.m., desde el Puesto de Mando Unificado se declaró oficialmente terminadas las labores de extinción. El fuego, por fin, había cedido, pero la verdadera dimensión de la tragedia apenas comenzaba a revelarse.

La génesis del evento, se relacionó en primer lugar a actividades productivas de ganadería extensiva y cultivo de papa, pero igualmente derivado del aprendizaje de este evento debe tenerse en cuenta el turismo como un factor contribuyente al deterioro ambiental de la zona de páramo.

Las consecuencias fueron severas en algunos sectores, el suelo perdió parte de su estructura y capacidad para retener humedad; los humedales registraron afectaciones en sus franjas de protección y mayor carga de sedimentos; la vegetación, especialmente el componente arbustivo y los pajonales, sufrió pérdidas significativas, mientras la fauna enfrentó la destrucción y fragmentación de su hábitat, obligando al desplazamiento y disminución de diversas especies.

Veinte años después, pese a la persistencia de los efectos del incendio ocurrido 20 años atrás, permanece una cicatriz que recuerda que bastaron ocho días para cambiar un ecosistema que había tardado siglos en formarse. Hoy en día se hace necesario dar a conocer a las nuevas generaciones sus responsabilidades para las acciones dirigidas a la protección de los ecosistemas de páramos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario