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| Foto: Asocajas |
El seminario “El futuro del empleo en Colombia”, organizado por Anif y Asocajas, abordó cómo se está midiendo realmente el mercado laboral colombiano y qué le exige al empleo la irrupción de la tecnología.
Este 19 de agosto, en el JW Marriott Hotel de Bogotá, Anif y Asocajas realizaron el seminario “El futuro del empleo en Colombia” con el propósito de poner en la agenda pública un diagnóstico integral sobre el mercado laboral: sus cifras, sus fuentes y los retos estructurales que lo atraviesan, de la informalidad y la compresión salarial a la irrupción de la tecnología.
Tras la instalación de José Ignacio López, presidente de Anif, y Germán Cano, gerente de Análisis e Investigaciones Económicas de Asocajas, la discusión continuó en dos paneles: “¿Cómo se está midiendo el mercado laboral en el país?”, moderado por Luz Magdalena Salas, vicepresidenta de Anif, y “Nuevas formas de trabajo: talento, tecnología y transformación”, moderado por Adriana Guillén, presidenta ejecutiva de Asocajas.
Al primer panel se sumaron Adrián Garlati, profesor de economía de la Pontificia Universidad Javeriana; Carlos Medina, gerente de la sucursal Medellín del Banco de la República; Carlos Sepúlveda, ex subdirector del Dane y profesor de economía de la Universidad del Rosario; Cristina Fernández, profesora de economía de la Universidad del Rosario, y Hernando Zuleta, decano de Economía de la Universidad de los Andes. Del segundo hicieron parte Alejandro Arango, CEO de Magneto; Juan Camilo Chaparro, profesor asociado de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de la Universidad Eafit; María del Pilar López, secretaria de Desarrollo Económico de Bogotá, y Yulieth García Álvarez, responsable de Empleo con Propósito de Comfama. De ambas conversaciones quedó un mensaje común: las cifras oficiales son necesarias pero insuficientes por sí solas, y entender el empleo en Colombia exige cruzar varias fuentes y actuar más rápido frente a la tecnología.
Un mercado que mejora en las cifras, pero no en la calidad del empleo
Ese cruce de fuentes fue el eje del primer panel. Casi todas las estadísticas laborales del país se calculan con la Gran Encuesta Integrada de Hogares (Geih que produce el Dane, explicó Garlati, con ponderadores recalculados a partir del censo de 2018; la tasa de desempleo cambia poco al usar unos u otros, pero la de informalidad es más sensible. A esa fuente, Medina contrapuso la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (Pila) -el registro de quienes cotizan a salud, pensión, ARL y cajas de compensación-, “un indicador muy bueno de la calidad del empleo” que, advirtió, “no debería compararse directamente en una misma gráfica” con la Geih, como ocurrió semanas atrás con la discusión pública alrededor de una caída de 556.000 trabajadores formales calculada con la Pila, que abrió un ejercicio útil de contraste entre fuentes. Sepúlveda, por su parte, situó el debate en el plano institucional y llamó a actualizar con mayor disciplina el censo poblacional, vigente desde 2018.
La migración resultó ser otra pieza clave de ese ejercicio: según Zuleta, el Dane la incorpora con rezago frente a los registros de Migración Colombia, por lo que “la población en edad de trabajar que usa el Dane está sobreestimada y, por lo tanto, la población económicamente activa está sobreestimada”. Al mirar la Pila con un mayor tiempo de maduración de los registros y sumar ese efecto migratorio, precisó, la caída de empleo formal resulta bastante menor a la inicialmente reportada, aunque real: un buen ejemplo, dijo, de cómo distintas fuentes bien leídas se complementan en lugar de contradecirse. Fernández cerró el panel distinguiendo tres tipos de informalidad -de exclusión, voluntaria e inducida por la regulación- y fue enfática: “el problema en Colombia no es que las empresas grandes sean informales, sino que la mayoría de los trabajadores son por cuenta propia”.
La posición de Asocajas
Para Asocajas, esa discusión metodológica confirma la utilidad de mirar el empleo desde una fuente propia. Pulso a la Formalidad, presentado por Cano con datos de afiliación de las 27 cajas agremiadas -el 89% de los afiliados dependientes del sistema-, muestra que entre enero y mayo de 2026 los afiliados dependientes crecieron apenas 1,4% frente al mismo periodo de 2025, frenados por el estancamiento de Bogotá, Valle del Cauca y Atlántico, mientras el alza del salario mínimo distorsionó la estructura de afiliación -la categoría A creció 5,8% y la categoría C, que subsidia a las demás, cayó 22,3%-; a esto se suma el riesgo que el reciente terremoto representa para el eje cafetero, que venía liderando la formalidad del país. Horas después, en el primer panel, Fernández retomó ese hallazgo para explicar por qué más ocupación no se traduce en más empleo formal: “eso me gustó mucho verlo en la presentación de Asocajas: a las empresas pequeñas les tocó asumir todo el aumento del salario mínimo; las grandes tienen acceso a deducciones que les permiten diluir ese costo”. Guillén añadió una segunda brecha, esta vez operativa: “las cajas de compensación reciben anualmente 1 millón de vacantes de empleo y solamente cubrimos 400.000; eso nos está diciendo que algo está pasando con la pertinencia”.
Tecnología, emergencia y una formación que no alcanza
El segundo panel llevó la conversación del diagnóstico a la acción. Antes de abrirlo, Guillén expresó la solidaridad de las cajas con las zonas afectadas por el terremoto y adelantó propuestas de fomento empresarial para esas regiones; Arango contó cómo Magneto ha movilizado talento entre Pereira, Manizales y Armenia para reubicar a quienes perdieron su sustento: “la tercera tragedia es el que tenía un negocio y no lo tiene; hoy la tecnología es el gran habilitador para que el empleo formal despegue más rápido”. Bogotá aportó otra alerta: según María del Pilar López, la ciudad tiene un exceso de oferta de 9,9 puntos porcentuales en perfiles de apoyo administrativo frente a un déficit de 4,2 puntos en perfiles científico-profesionales, y menos del 1% de los mayores de 50 años tiene algún título en TI.
Con un estudio propio, Chaparro mostró cómo el trabajo remoto ya redefine los ingresos -el salario de un desarrollador de software colombiano pasó de 21.000 a 75.000 dólares al año entre 2017 y 2023- y citó a la Mesa de Empleo de Antioquia, según la cual la mitad del crecimiento del trabajo por cuenta propia informal en el Valle de Aburrá corresponde a plataformas digitales, “una gran oportunidad de empleo, pero de baja calidad”. García Álvarez, de Comfama, cerró con la respuesta de las cajas a ese cambio de mentalidad laboral: solo en el último año, la caja vinculó a 137.000 personas con empleo formal.
Como conclusión de fondo, el seminario deja claro que entender el empleo en Colombia exige mirar más allá de una sola cifra y reconocer qué mide cada fuente -el Dane por encuesta, la Pila por registro de cotizantes, y Asocajas por afiliación real al Sistema de Compensación Familiar-. El gremio reiteró su compromiso de seguir entregando periódicamente los resultados de Pulso a la Formalidad como insumo para la discusión pública, y agradeció a Anif, a los panelistas y a los aliados del seminario -entre ellos el Banco Popular, el Grupo Aval y Porvenir- por su participación en esta jornada.
Sobre Asocajas
Asocajas es la entidad gremial que representa a las Cajas de Compensación Familiar de Colombia. A través del Sistema de Compensación Familiar, más de 20 millones de colombianos acceden a subsidios y servicios en vivienda, educación, empleo, recreación, crédito, capacitación y otros programas que fortalecen el bienestar de las personas, las familias y los territorios.

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