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| Imagen: Areandina |
La voz, los gestos e incluso la imagen parecen reales. Sin embargo, hoy la inteligencia artificial puede estar mostrándole a una persona virtual. Un
avatar que solo es una herramienta de producción. La gran pregunta es ¿quién responde por lo que está diciendo?Para Luis Arias, docente del programa de Comunicación Audiovisual de la Fundación Universitaria del Área Andina de Pereira, la respuesta empieza por distinguir entre imitar a una persona y ejercer el periodismo desde sus principios.
“Un periodista con ética hace el trabajo de investigar, busca y contrasta fuentes, hace las preguntas necesarias y asume la responsabilidad por lo que comunica”, explica Arias. Una IA puede reproducir una voz o unos gestos, pero no puede sustituir el criterio, la experiencia ni la responsabilidad de quien construyó una información.
El rápido avance de esta tecnología aumenta el riesgo de confundir a la audiencia cuando no llega a distinguir lo real de una síntesis digital. Por eso, el docente considera necesario que los contenidos generados mediante clonación tengan una señal visible durante todo el video y una marca sonora cuando también se haya generado la voz, además de un código verificable que permita conocer quién autorizó el contenido y qué medio lo publicó.
No bastaría con advertirlo al principio o al final. Un video puede ser recortado y circular por redes sociales separado de su contexto original. La identificación debería permanecer. Por otra parte, la consolidación de esta práctica también toca el futuro laboral de quienes hacen parte de este gremio, ya que, según el experto a mediano plazo, medios podrían contratar servicios ininterrumpidos, por ejemplo, de voz, a menor costo, en detrimento de la incorporación de nuevos profesionales.
“Nadie comienza siendo un gran presentador o periodista destacado. Ese oficio se forma con trabajo en la calle, contacto con las fuentes y tiempo frente a la audiencia”, sostiene Arias. El problema, entonces, no sería solamente tecnológico: también estaría en juego el relevo generacional del periodismo audiovisual.
Existe además un escenario todavía más delicado: que un clon autorizado sea hackeado y utilizado para difundir una declaración falsa. Para Arias, el medio no puede desentenderse de esa responsabilidad. Debería proteger la identidad digital, controlar quién puede acceder a ella y, ante una suplantación, retirar el contenido y desmentir públicamente lo ocurrido.
Por eso, la protección debe comenzar antes de encender la cámara. Los contratos de periodistas y comunicadores deberían establecer quién controla su voz, imagen y avatar digital, durante cuánto tiempo pueden utilizarse, para qué contenidos y bajo qué condiciones.
También deberían contemplar autorización específica, posibilidad de retirar el consentimiento, prohibición de ceder la identidad a terceros y eliminación del clon al terminar la relación laboral. La identidad de alguien no puede tratarse como un archivo cualquiera”, advierte Arias.

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