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| Foto: Areandina |
Cinco horas diarias frente al celular pueden parecer una rutina inofensiva, pero mantener la mirada durante largos periodos sobre una pantalla
modifica algunos mecanismos naturales del ojo. Uno de ellos es el parpadeo: al concentrarnos en un dispositivo, parpadeamos con menor frecuencia y aumenta la evaporación de la película lagrimal, lo que puede producir resequedad, ardor, visión borrosa transitoria y cansancio visual.De acuerdo con cifras de DemandSage, el promedio de uso de dispositivos móviles en Colombia se acerca a las cinco horas diarias. Para Kenet Segura, PR Manager de HONOR Colombia, esta realidad ha llevado a la industria tecnológica a incorporar características orientadas a mejorar el confort durante el uso prolongado de las pantallas.
“Para responder a la dinámica cotidiana de conectividad, la ingeniería tecnológica ha mejorado. Ahora el hardware ofrece más comodidad para los ojos. Por ejemplo, paneles con atenuación PWM de alta frecuencia a 3840Hz, permite neutralizar el parpadeo invisible en pantallas Amoled para procesar la iluminación de forma continua”, señala Segura.
El impacto de las pantallas no se limita a la superficie ocular. Lina María Jaramillo, docente del programa de Optometría de Areandina Pereira, explica que la visión cercana prolongada y el uso excesivo de dispositivos sobrecarga el músculo ciliar, el cual debe ajustar continuamente la forma del cristalino para enfocar.
Cuando este mecanismo permanece tensionado durante periodos prolongados, puede aparecer una sensación intensa de cansancio ocular y una visión borrosa fluctuante asociada al agotamiento del mecanismo de enfoque.
El parpadeo también cambia de manera significativa. En condiciones normales, una persona parpadea entre 15 y 20 veces por minuto; frente a una pantalla, esta frecuencia puede disminuir a 5 o 7 parpadeos por minuto, acompañada de un aumento de parpadeos incompletos. Esto dificulta la distribución homogénea de la lágrima y favorece su evaporación.
El entorno también importa. Utilizar el teléfono en completa oscuridad o bajo luz solar directa genera diferencias de luminancia que obligan a la pupila a adaptarse continuamente. Los reflejos, el tamaño reducido del texto y una baja resolución también pueden incrementar el esfuerzo visual. A esto se suma que el aire directo de ventiladores o sistemas de aire acondicionado puede acelerar la evaporación de la película lagrimal.
La tecnología busca responder a parte de estas condiciones
Según Segura, algunos dispositivos incorporan atenuación PWM de alta frecuencia, filtros de luz azul, atenuación adaptativa según la iluminación ambiental y pantallas de alta resolución. En algunos de sus recientes lanzamientos como el HONOR 600 Smart, la compañía también señala la incorporación de certificación SGS de cinco estrellas de resistencia, que garantizan la durabilidad física del panel ante caídas y aplastamientos, asegurando que las propiedades de protección biológica se mantengan intactas.
El software constituye otro frente. Segura destaca que interfaces como MagicOS utilizan capacidades de inteligencia artificial para generar resúmenes, realizar traducciones y filtrar información, con el propósito de facilitar determinadas tareas y reducir el tiempo efectivo dedicado a mirar la pantalla.
Pero las características del dispositivo no sustituyen los hábitos de cuidado visual. Jaramillo recomienda aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos, enfocar durante 20 segundos a una distancia de 6 metros. También aconseja realizar parpadeos conscientes, mantener entre 35 y 40 centímetros de distancia frente al celular y entre 50 y 70 centímetros frente a un monitor, además de evitar reflejos y condiciones ambientales que afecten la superficie ocular.
Las molestias requieren valoración profesional cuando no mejoran después del descanso o aparecen señales como resequedad persistente al despertar, visión borrosa o doble que no se corrige al parpadear, cefaleas recurrentes, dolor retroocular, ojo rojo crónico, lagrimeo reactivo o fotosensibilidad acentuada.
Niños y adolescentes merecen especial atención, al igual que adultos mayores, usuarios de lentes de contacto y personas con alteraciones visuales o patologías previas de la superficie ocular. En estos grupos, el uso prolongado de pantallas puede requerir una vigilancia particular.

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