jueves, 5 de noviembre de 2026

La volatilidad del dólar también se siente en la logística colombiana

Foto: Areandina

El precio de los repuestos de un camión, el transporte de un contenedor y el valor de los productos que llegan a las tiendas tienen algo en común: su relación con el dólar. Cuando la tasa de cambio fluctúa, sus efectos recorren la

cadena logística y pueden terminar reflejándose en el bolsillo de los consumidores.

En Colombia, buena parte de los costos logísticos depende de bienes y servicios vinculados con mercados internacionales. Las llantas, los filtros, los sistemas de frenos y otros repuestos para vehículos de carga, por ejemplo, dependen de importaciones o de insumos cotizados en dólares. Por eso, cuando la divisa aumenta, mantener los camiones en funcionamiento puede resultar más costoso para los transportadores.

“El comportamiento del dólar es una variable que las empresas deben incorporar a su planeación logística. No se trata únicamente de cuánto cuesta importar un producto, sino de cómo las variaciones cambiarias afectan el transporte, el almacenamiento, los inventarios y la distribución”, explica Martha Piedad Ramos Aranda, docente de la Tecnología en Logística virtual de Areandina.

El impacto también llega al transporte marítimo. Los fletes internacionales, los seguros y algunos servicios portuarios se cotizan en dólares, lo que genera incertidumbre para los importadores que deben presupuestar sus operaciones con anticipación. Si la tasa de cambio varía entre la cotización y el pago, el costo final en pesos puede cambiar, incluso cuando las condiciones del servicio permanecen iguales.

Las consecuencias no son uniformes. Los exportadores pueden recibir más pesos por sus ventas internacionales cuando el dólar sube, mientras que los importadores enfrentan mayores costos. Las pequeñas y medianas empresas pueden tener menos herramientas financieras para protegerse de estas variaciones, especialmente cuando trabajan con contratos a precios fijos.

El consumidor también puede sentir los efectos. Los productos importados se encarecen cuando aumenta su costo en pesos, pero la presión alcanza igualmente a mercancías nacionales que utilizan materias primas, empaques o componentes extranjeros. Además, los alimentos y otros bienes deben transportarse hasta los puntos de venta, una operación expuesta a cambios en los costos de mantenimiento y combustible.

Cuando el dólar baja, en cambio, las empresas tienen la posibilidad de adquirir tecnología, renovar equipos y mejorar sus sistemas de gestión de inventarios a un menor costo en pesos. Sin embargo, aprovechar esa oportunidad requiere liquidez, planeación y una evaluación cuidadosa de los riesgos.

Frente a este escenario, la volatilidad cambiaria exige una logística más estratégica. Diversificar proveedores, planear las compras, revisar los contratos y evaluar instrumentos de cobertura son alternativas para reducir la exposición a movimientos inesperados.

La tasa de cambio no está bajo el control de las empresas, pero sí pueden prepararse para sus efectos. En un mercado donde los costos de abastecimiento influyen en la competitividad, gestionar el riesgo cambiario es también una forma de proteger la operación y responder mejor a las necesidades del consumidor.

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