viernes, 8 de mayo de 2026

Eje Cafetero mantiene las cifras más bajas de extorsión en Colombia, pese a la presión nacional del delito

Foto: Politécnico Grancolombiano

El Eje Cafetero es una de las regiones más protegidas frente a la extorsión en todo el país. Mientras en muchas zonas de Colombia la extorsión va en aumento, Caldas, Risaralda y Quindío mantienen cifras muy bajas.

Mientras en gran parte del país la extorsión avanza como una amenaza creciente, el Eje Cafetero se consolida como una de las regiones con menores niveles de este delito. Quindío, Risaralda y Caldas, tradicionalmente cafeteros, reportan cifras significativamente por debajo del promedio nacional, convirtiéndose en un ejemplo de resiliencia institucional y cohesión territorial frente a un fenómeno que afecta a miles de productores en Colombia.

Los datos provienen del estudio “Café, Conflicto y Extorsión: Un Análisis Cuantitativo en Municipios de Colombia”, elaborado por los docentes del Politécnico Grancolombiano, Jaime Wilches, Karolina Baquero y Rodrigo Atehortúa. Al analizar 1.122 municipios, la investigación evidencia que mientras departamentos como Chocó, Guaviare, Antioquia, Meta, Cauca y Arauca registran tasas dramáticamente altas, el Eje Cafetero mantiene su incidencia en rangos bajos.

El estudio destaca que, Caldas reportó una tasa aproximada de 8 casos por cada 100.000 habitantes, Risaralda alrededor de 10 y Quindío se ubica en el mismo rango, muy por debajo de los promedios nacionales y de los picos observados en departamentos como Chocó (88,1) o Guaviare (67,6). Esta tendencia sostenida demuestra que, a diferencia de otras zonas cafeteras del país, el Eje Cafetero ha logrado proteger su economía rural del avance de las redes extorsivas.

¿Qué factores protegen al Eje Cafetero del avance extorsivo?

La investigación atribuye esta diferencia a factores estructurales que han fortalecido al Eje Cafetero durante décadas: mayor cohesión institucional, presencia de autoridades más articuladas, un gremio cafetero sólido y dinámicas sociales que favorecen la organización y la denuncia. Estos elementos han permitido que, incluso frente al crecimiento del delito en otras regiones, los departamentos del Eje mantengan estabilidad.

Los mapas geoespaciales del estudio, que muestran la coincidencia entre área cafetera y niveles de extorsión, evidencian un patrón clave: el Eje Cafetero prácticamente no presenta municipios en la categoría de “alta extorsión y alta caficultura”, a diferencia de Antioquia, Cauca, Huila, Nariño o Tolima. Allí, la caficultura permanece operando sin ser capturada de manera sistemática por estructuras criminales.

Otro hallazgo importante del estudio es que, a diferencia de otros departamentos, en el Eje Cafetero la presencia de economías ilícitas (como la coca) tiene una incidencia mucho menor. En el análisis nacional, la presencia de cultivos de coca incrementa en 3,5 puntos la tasa de extorsión, pero este factor es marginal en Caldas, Quindío y Risaralda, lo que disminuye el riesgo general y el interés criminal sobre sus cadenas productivas.

En términos humanos, la investigación revela que siete de cada diez productores en zonas rurales del país reciben amenazas o llamadas extorsivas, pero esto contrasta con la menor recurrencia en el Eje Cafetero, donde el fenómeno está lejos de los niveles observados en Antioquia, Cauca o Meta. La cultura organizativa del sector cafetero en la región, apoyada por cooperativas y redes comunitarias, ha sido clave para fortalecer los lazos de apoyo y reducir la vulnerabilidad.

Aunque el estudio no afirma que el Eje Cafetero esté libre de extorsión, sí demuestra que los mecanismos de contención institucional funcionan mejor que en el resto del país. Esto convierte al Eje en un referente para el diseño de políticas públicas orientadas a proteger las cadenas productivas rurales, especialmente en departamentos donde la extorsión ya opera como un “impuesto criminal” sobre el café.

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