sábado, 13 de junio de 2026

Dimensiones - Cuando los pensamientos son tus enemigos

 Por Uriel Escobar Barrios, M.D.

Esther tiene 28 años y vive atrapada en una batalla silenciosa. Su corazón se acelera sin motivo aparente, sus manos sudan, le falta el aire, duerme poco y come menos.

Pero el verdadero problema no está en su corazón ni en sus pulmones; está en su mente: los pensamientos se han convertido en sus enemigos, y desde que su pareja la abandonó, la situación empeoró. 

Mientras estaban juntos, lo llamaba constantemente, revisaba su celular y vivía convencida de que la dejaría por otra mujer; al mismo tiempo, temía equivocarse en el trabajo, quedarse sola o que algo malo les ocurriera a las personas que amaba. Su mente parecía funcionar como una máquina de producir preocupaciones. 

En el lenguaje cotidiano solemos llamar a esto “sobrepensar” o “sobrepensadera”; desde la Psiquiatría hablamos de rumiación mental, preocupación excesiva e hipervigilancia. Se trata de un estado en el que la mente permanece constantemente anticipando amenazas, analizando riesgos o imaginando escenarios negativos, incluso cuando no existen evidencias. Sin embargo, para comprender lo que le ocurre a Esther debemos mirar más atrás. 

Su historia está marcada por dos experiencias dolorosas: el abandono de su madre durante la infancia y el abuso sexual repetido por parte de un hermanastro. Hoy sabemos que las experiencias traumáticas tempranas no solo dejan recuerdos dolorosos; también moldean el desarrollo del cerebro y de los sistemas emocionales. 

Diversas investigaciones muestran que el trauma infantil puede aumentar la sensibilidad de estructuras cerebrales como la amígdala, una región encargada de detectar amenazas. Cuando la amígdala permanece hiperactiva, el cerebro interpreta muchas situaciones cotidianas como peligros potenciales. Asimismo, áreas de la corteza prefrontal, responsables de evaluar racionalmente la realidad y regular las emociones, pueden perder parte de su capacidad de control. 

El resultado es un cerebro que permanece en estado de alerta continua; es como si el sistema de alarma estuviera encendido todo el tiempo. También participan varios mensajeros químicos cerebrales, entre ellos, el cortisol, conocido como la hormona del estrés; la noradrenalina, relacionada con los estados de alerta; y la serotonina, que influye en la regulación emocional. 

Muchas personas que han sufrido abandono o maltrato desarrollan creencias profundas distorsionadas sobre sí mismas y sobre los demás. Sin darse cuenta, pueden pensar: “No soy suficientemente valiosa”, “me van a abandonar” o “no puedo confiar en nadie”. Estas ideas actúan como filtros a través de los cuales interpretan la realidad, alimentando aún más la preocupación y el miedo. 

¿Qué puede hacer Esther para salir de este círculo? El primer paso es comprender que sus pensamientos no siempre representan la realidad. Un pensamiento es un evento mental, no un hecho. Aprender a observarlo sin creer automáticamente en él constituye una habilidad fundamental. El segundo paso es buscar ayuda profesional. 

La farmacoterapia y la psicoterapia basada en evidencia, especialmente los enfoques centrados en el trauma, pueden ayudar a sanar las heridas emocionales que mantienen activo el sistema de alarma.  www.urielescobar.com.co

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